viernes, 24 de abril de 2015
domingo, 19 de abril de 2015
Lisandro, el último de los rojos.
Lisandro Quesada fue el último de los rojos, el último de los liberales que asistió impávido al seppuku del Partido Liberal en su vergonzosa entrega a la "Dictadura Esclarecida", fue el último espadachín de la Fe, el 48 ronin, el olanchito que se opuso visionariamente a aquel presidente panameño y gigoló que enrumbó nuestra patria a este rompecabezas de fideicomisos, aquelarre de impuestos y glosario de la impunidad, en que lo han convertido los apóstoles de la "Tiranía Esclarecida".
Por cuestiones y tangentes misteriosas, lo conocí, pude batirme en duelo contra su profunda sapiencia y en cada una de esas escaramusas salí derrotado; andecdotario profundo, libro abierto y mano franca.
El último de los rojos y el último Magistrado honrado que se sentó en el TNE; fue tan Liberal, que si se le hubiera ocurrido, en el último momento se hubiera convertido al Nacionalismo, bajo la premisa de que es mejor que se muera un maldito nacionalista a un Liberal.
Buen viaje Abogado, muy pronto, seguro tendrá la oportunidad de trompear al gigoló que dejó las migajas servidas y a la patria en harapos y despojos.
miércoles, 15 de abril de 2015
Los decibeles del ruido.
Es intrigante la amplificación de la nimiedad, pero es más inquietante el momento en el que sucede, ese momento en el que llegan tropas norteamericanas, cuando no se sabe a ciencia cierta la cantidad de estas en el territorio y cuales son las intenciones de las mismas en la geopolítica continental
El gobierno ha corrido a desmentir las elucubraciones, argumentando que el objetivo fundamental es la lucha contra el narcotráfico, pero si algo sabemos del discurso oficial, es que es tan cierto como el aroma a jabón chiquito de un Ministro, en una reunión de planificación a la 1:30 de la tarde. Sólo hace falta regresar al pasado y escucharlos negar la presencia de los Contras en el territorio nacional desde las tribunas cívicas y los púlpitos del patio.
Hay una imperiosa necesidad de sacar al conejo de la caja china, la palillona, la vedette tetuda del sur, la chiki en pilamar, la baleada radioactiva de Indura, el buitre selfie para que todo se diluya y nadie piense o no tenga espacio para pensar.
Los pendientes de la "Tiranía Esclarecida", siguen siendo los pendientes, la inseguridad no retrocede ni un milímetro, la tasa de seguridad se distribuye en desigualdades colosales dando la impresión que se preparan para una guerra, pero no con ningún paìs vecino; el sistema educativo es un espejo roto de fracasos, la economía se contrae, la empresa privada ha iniciado una andanada de multitudinarios despidos masivos preparándose para la Nueva Ley del Seguridad Social, que al final representará otro clavo para el ataud de la pequeña y mediana empresa que no puede con el acoso de toneladas de impuestos que sin piedad y sin equidad son cobrados para sustentar el hambre interminable de un grupo gobernante que pretende perpetuarse en poder.
A veces, los decibeles del ruido son insoportables.
lunes, 13 de abril de 2015
Matías Funes o toda dictadura comienza con la muerte de un Cicerón.
Yo conocía al maestro cuando quiso ser Presidente, le había
picado el gusano de componer lo imposible, de hacer magia, de meter La Chimera
en la chistera; -Me lleva de fotógrafo a la Presidencial - , le bromeaba, y el celebraba
con esa risa limpia que tenía, una risa que nacía en las páginas de los libros
y en las aulas universitarias.
Cuando me lo encontraba, nunca traía cara de afluente del
Nilo, tenía el chiste a la mano, era su manera jocosa de comenzar lo serio,
creo que lo hacía para exorcizar la
terrible realidad de una patria casi perdida, entre legiones de cucarachas que
se conformaban con los falansterios del mall y la whooper. A partir de 1997 le tocó ponerse la guayabera de Diputado
pero reprobó el curso de “Tragar sapos sin hacer caritas”, sin embargo, eran memorables aquellas degollinas contra los perennes vejetes de
ideologías casposas que han representado el oscurantismo, la corrupción y la
ignorancia, le fascinaba enfrentarse contra sus mentes, ponerlos en evidencia,
empalarlos por la cabeza y demostrarles que estaban allí, no por sus
capacidades, sino, por una asombrosa y fatal máquina de corrupción que produce
corrupción.
A mi memoria viene aquella ocasión en que un Diputado le
acusó de ser un “innorante” y Matías con la frialdad del asesino académico en serie, le respondía: - no se dice “innorante”, se dice ignorante-. El diputado le
volvió a decir “innorante” y el Maestro que no aceptaba cucarachas más que en
los libros de Kafka, le repitió: - permítame,
honorable Diputado, no se dice “innorante”, se dice ignorante-, la escena
se repitió como un loop infernal hasta
que el Diputado, se dio cuenta que ya rato le estaban, no sólo tomando el pelo,
sino haciéndole un moño estúpido que se alcanzaba ver hasta el Paulaya. También
le daba retortijón mental los militares
y todo lo que oliera a esa
cavernaria y vertical manera de ver el mundo, su libro, “Los Deliberantes”, es a mi juicio, uno de los más completos
inventarios forenses del papel de la Fuerzas Armadas, en el naufragio que hoy
tenemos por nación y destapa en 422 páginas, las cañerías de aguas negras y
claras que unen a la clase gobernante con el poder militar en Honduras.
No tuve la dicha de que fuera mi maestro formal, pero
escuché de muchos, que sus clases eran memorables, como esa paleta rellena que
una madre nos compra en el Parque La Leona en un domingo eterno de nuestra
infancia, como un beso prohibido en el dintel de una puerta, como un abrazo de
padre bueno. A mis oídos llegaban las olas de sus ocurrencias, las hipérboles
magníficas de lo que decía en las aulas, cifras ya aumentadas por el ruido de
la calle, refranes adulterados y en adulterio, ya en boca de los que comenzaban
a maravillarse de las realidades que el maestro mostraba en sus actos de magia. Cuando hablaba de Morazán y Valle, su rostro se iluminaba, a
todos nos parecía que nos contaba de algún héroe del barrio, de algún muchacho que
se batió contra las siete cabezas de la Hidra de Lerna. Nos contaba de un
héroe, real, de carne y hueso, tan condensado y soñado, que su ejemplo servía,
tanto para hacer el bien como el mal; nos decía como Sócrates, “que
aprender es acordarse de nuevo”.
Fue una gran mente Matías, y como enciclopedista de una era y humorista pedagógico, el agujero que deja en
nuestras almas es grande, estábamos tranquilos, porque en la cocina de la
patria, el que mataba las cucarachas era él, con la puntería de una madre, le
atinaba la chancleta, y cuando agarraba la elegancia de la rabia, tirios y
troyanos escondían la cabeza para que el filo de sus palabras no les atinara a
sus testas malintencionadas. Formalmente, se fue, no tuve el agrado del último chiste,
del último consejo. En la orilla, en ese borde difuso donde la luz termina y la oscuridad comienza, las alimañas
comienzan a moverse, patas grasosas y antenas perturban la frontera, el amigo
gigante se ha marchado, el creador de la “Patastera Ideológica” ya no está, el
dador de nombres desapareció, ya no hay busilis, los bicharracos pueden pasear
como cucaracha en Kafka.
Yeco 7 de marzo 2015
viernes, 10 de abril de 2015
jueves, 9 de abril de 2015
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