viernes, 31 de enero de 2014

Osorto y los caminos que no conducen a Roma.



Más de 30 años han pasado desde que coincidimos en la Inmaculada Concepción, éramos dos rebeldes mozalbetes en una ciudad al otro lado de los puentes que ya nació con el olvido a cuestas. De todos los amigos que yo recuerde, casi el único que permanece en mi memoria, siempre ha sido él. Siempre ha sido un caballero y yo un rufián de cantina, era el primero entre las damas y el dulce truhán que siempre se llevó la chica más linda, tocaba guitarra y cantaba aquel poema de Miguel Hernández que musicalizó Serrat que enseña que la vida es una sumatoria de golpes en los que insertás de vez en cuando algún verso.

Era el único que tenía carro entre aquella juventud del IFIC y el camino que lo llevó hasta el lente de mi cámara ha sido el de actor; intenso y vital, Jorge ha profesado la profesión más terrible después de la de cargador de cruces profesional, aún así, se ha hecho un lugar en este oficio sin dios y sin patria que se llama cine nacional. Ningún mirnistro le ha dado ninguna medalla, ni diploma inútil, no hay biografía que abarquen su trabajo actoral en cine y teatro; en mi lista de homenajes personales urgentes lo he incluido para que cuando nos alcance la parca, que por cierto ya nos mira con interés, no descuide mis obligaciones habituales buscando palabras inútiles que se debieron decir antes y no después.

lunes, 27 de enero de 2014

El fotógrafo


Fotografiándome cuando estoy tomando fotos.

Susy


Despidiéndonos del día y de la Represa Francisco Morazán.


Manuel en la cresta de la cortina de la Represa General Francisco Morazán sobre el río Humuya


Manuel y su mágica juventud.

Detrás de la Cortina de la Represa Francisco Morazán.


Cerca del Puente Bailey en la central Eléctrica del Cajón Domingo 26 de enero del 2014

La inocencia energética



La primera vez que la miré fue en compañía del Creativo Manuel Cruz, la cortina colosal, el silencio de la montaña cortada, el espejo azul de la más faraónica obra de la Ingeniería nacional y extranjera, 15 años para construirla y un plumazo y una bancada nacionalista para partirla en pedazos.

Haciendo un trabajo en la zona, traje a mi familia a conocer a este sólido titán de hormigón que retiene las aguas del río Humuya y que es la quinta represa de doble arco de Latinoamérica.

Fue una promesa para la nación y al mismo tiempo la última cresta del desarrollo energético de Honduras que fue estancado por políticos, presidentes y partidos políticos maliciosos quienes vieron en los carburantes la oportunidad de crear una dependencia malvada que les engrosara sus cuentas bancarias.

Un país con recursos hídricos colosales con una dependencia de los carburantes, por eso la Represa Francisco Morazán es la mejor muestra de la coincidencia entre la buena voluntad y los sueños de prosperidad de una nación, ahora es el símbolo de una época de inocencia energética que ya jamás volverá a ser posible.